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miércoles, 30 de marzo de 2016

Más participación ciudadana





Más participación ciudadana

Por Marta Oyhanarte (*)


En septiembre de 2015, los Estados miembros de la Organización de las Naciones Unidas aprobaron el documento "Transformar nuestro mundo: agenda 2030 para el desarrollo sostenible". Es una agenda ambiciosa, e imprescindible, que debería cumplirse en los próximos 15 años. La erradicación de la pobreza y la reducción de las desigualdades son temas centrales, como también la conservación del medioambiente, la democracia, la paz, la justicia y el respeto de los derechos humanos. Se trata de un nuevo "contrato global" para una época de crecientes dificultades e incertidumbres planetarias.
Para hacer realidad esas aspiraciones hay que mejorar la calidad de las democracias, que no es otra cosa que la calidad de sus instituciones, es decir, la forma en que quienes habitan una comunidad organizan su vida pública. Para lograr una democracia de calidad, es necesario construir ciudadanía. Y esto no es tarea exclusiva de la dirigencia política: requiere el compromiso del gobierno, del sector social y del sector privado. Cada uno de ellos puede aportar valores y capacidades para una estrategia que enfrente los desafíos del mundo actual.

¿Cómo hacerlo? Participando. Según la Real Academia Española, participar es "tener parte uno en una cosa". Si la hacemos extensiva a la cosa pública, esa "propiedad" faculta a cada uno a ejercitar su capacidad de influir en las decisiones de políticas públicas. Pero la participación no es una consecuencia automática de su mención en los documentos de diseño de una política o de un discurso. Es un proceso de construcción social que exige conocer los mecanismos que la facilitan, considerar las tensiones que pueden generarse, concretar las acciones proyectadas y aprender a sostener el proceso. Debe ser una "coproducción", una recreación de confianzas recíprocas en la que, a través de reglas formales e informales, se estructuren las relaciones de los agentes sociales.

El voto es un ejemplo de participación tradicional; un escalón superador sería el compromiso cívico, que implica una intervención ordenada de organizaciones y/o personas que cooperan con las acciones que lleva a cabo un gobierno o actúan allí donde éste no sabe, no puede o no quiere. Actualmente, se reconoce un avance más: el compromiso ciudadano, que son las acciones y programas de gobierno que promueven y facilitan la acción de la ciudadanía en las etapas de diseño, decisión, implementación y/o monitoreo de las políticas públicas.

Participación tradicional, compromiso cívico, compromiso ciudadano, todas son formas que constituyen un auspicioso aporte a la gobernabilidad democrática, pero quizá sea la hora de retomar el debate sobre la participación -hoy algo estancado y circular- e institucionalizar mecanismos que posibiliten el compromiso ciudadano y sustituyan la participación que emerge espontánea y muchas veces desborda a actores e instituciones por una que transite canales de expresión socialmente regulados que alejen el oportunismo o la improvisación y permitan capitalizar oportunidades y construir aprendizajes colectivos. Los métodos para la intervención organizada de los ciudadanos en la gestión pública son múltiples: planificación y/o presupuesto participativo, mesas de diálogo, audiencias públicas, auditorías sociales, gobierno electrónico, elaboración participativa de normas, alianzas público-privadas, planes estratégicos, gobierno abierto.

No agotan la lista de posibilidades y otros nuevos pueden crearse. Pero hay que tener presente que el pilar para el éxito de cualquiera de ellos es el acceso a la información, porque la toma de decisiones conjunta resulta ilusoria si la ciudadanía no cuenta con acceso asegurado a la información que obra en poder del Estado.

El gobierno abierto es la "estrella" porque se abre al talento, a la energía y a la capacidad transformadora de una sociedad al facilitar la construcción de una agenda común a partir de los tres ejes que lo conforman: transparencia, participación y colaboración. En la actualidad, más de 60 países integran la Alianza para el Gobierno Abierto, y la Argentina es uno de ellos. Muchas administraciones están comenzando a hacer realidad esta nueva cultura en la gestión de los asuntos públicos. El historial sobre prácticas de compromiso ciudadano ofrece lecciones para concertar alianzas plurales que contribuyan a la elaboración de una agenda pública colaborativa que dé prioridad a los objetivos de desarrollo sostenible. La declaración
"Transformar nuestro mundo" expresa: "Podemos ser la primera generación exitosa en la lucha contra la pobreza, así como podemos ser la última que tenga la oportunidad de salvar el planeta".

(*) Miembro del Comité de Expertos en Administración Pública de las Naciones Unidas


Fuente: La Nación – 29/3/2016

jueves, 25 de julio de 2013

La ciudad a lo lejos



Las ciudades invisibles

Objeto de reflexión del filósofo francés Jean-Luc Nancy desde hace más de veinte años, la ciudad en su mirada se muestra multifacética, caótica, ausente y en un futuro, quizá no muy lejano, destinada a desaparecer. Pero como lo corrobora en La ciudad a lo lejos, siempre en un proceso de incesante transformación


Por Mariano Dorr



Podría incluirse la obra de Jean-Luc Nancy en lo que Mónica Cragnolini (refiriéndose a Nietzsche, Blanchot y Derrida) llamó “temblor del pensar”, o pensamiento del temblor. Se trata de un trabajo teórico siempre oscilante, ocupado más en la profundización de las tensiones conceptuales antes que en su síntesis o resolución. Para Nancy, nosotros mismos somos esa tensión irresuelta entre vida y muerte: “Toda su vida, el cuerpo es también un cuerpo muerto, el cuerpo de un muerto, de este muerto que soy al vivir. Muerto o vivo, ni muerto ni vivo, soy la abertura, la tumba o la boca, una en la otra”, escribió en Corpus. La ciudad es también un conjunto de cruces, temblores, trayectos, choques, desplazamientos y emplazamientos en donde se pone en juego nuestro habitar –según Nancy– como transeúntes en permanente circulación.

La ciudad a lo lejos es un conjunto de textos que intentan abordar (de muy diferentes maneras) la cuestión de la ciudad. Sorprende encontrar, por ejemplo, un poema de Nancy dedicado a los “instantes de ciudad”: “Obra cuneta barrera / grúa pala rodera / martillo neumático compresor / alambrado avisador / sobre todas esas tripas / eléctricas gaseosas hidráulicas digitales”, escribe entre otros versos.

El Prefacio lleva como título “La ciudad incivil” y comienza señalando la que quizá sea la tesis de Nancy sobre su tema: “La ciudad no siempre fue, no siempre será, tal vez ya no sea”. Siempre igual a sí misma pero al mismo tiempo convirtiéndose todos los días en otra cosa, la ciudad se proyecta en un ejercicio deconstructivo sin descanso, nunca deja de levantarse sobre sí misma, aplastando, reconstruyendo, exhibiendo e invisibilizando su historia. Los dos primeros textos reunidos constituyen el núcleo del volumen; la primera parte –escrita en 1987– está dedicada a Los Angeles, California. El recorrido por Los Angeles no es ni un análisis ni una crítica, apenas un modo de atravesar la ciudad, entre el asco, la estupefacción, la nostalgia y el asombro. Doce años más tarde, Nancy es invitado a continuar la meditación.

Retoma en donde había terminado su ensayo: la exasperación de la vida en las villas miseria de Los Angeles (no muy lejos de las mansiones más caras –y estúpidas– del mundo, en Bel Air, Beverly Hills), pero abandona California para pensar la ciudad contemporánea en general: “La ciudad mezcla y remueve todo, separándolo y disolviéndolo. Nos tratamos, nos rozamos, nos tocamos y nos separamos: es un mismo andar. Se está apretado cuerpo a cuerpo en un subterráneo o en una escalera mecánica. Todo el mundo se encuentra y se evita, se cruza y se desvía”, escribe. Sin proximidad, estamos sin embargo muy cerca, dice Nancy.

Si quisiéramos condensar en un solo elemento o en una imagen a la ciudad, no podríamos. Se trata de una “totalidad esparcida” en constante diseminación, exuberante e imposible de reducir a la imagen. En este sentido, nada más lejos de la ciudad que la fotografía postal: “La postal es a la identidad de la ciudad lo que la foto de identidad es a la persona: inexpresiva, sin espesor, lo contrario a un retrato, una suerte de índice o de icono en el sentido informático”. Al mismo tiempo, fotografía y ciudad resultan inseparables, unidas históricamente la una a la otra desde la aparición misma de la fotografía en el seno de la ciudad. Es la literatura –dice Nancy– la única capaz de ofrecer algo así como una imagen veraz de la ciudad. Y los textos aquí reunidos son, en buena medida, literatura. En “Rumoración” aparece un Nancy transeúnte, paseante, en busca de una frase sobre el rumor, tratando de pensar y de dejarse atravesar por la ciudad, subiendo a un ómnibus, escuchando el llanto de un bebé, mirando carteles publicitarios.

El filósofo francés viene trabajando en la cuestión de la comunidad desde hace ya algunas décadas. Sus escritos sobre la ciudad deben ser leídos en sintonía con La comunidad desobrada (1983) uno de sus ensayos más importantes, donde la cuestión del ser- con, el vivir- juntos, es abordada en toda su densidad. Transformándose, la ciudad deviene siempre otra ciudad, olvidándose de sí misma, capaz de cambiar su nombre y de nombrarse, a su vez, con muchos otros nombres, esquinas, barrios, vecindarios, villas, plazas, monumentos. En movimiento, siempre en camino y expandiéndose, la ciudad y el nombre mismo “ciudad” –advierte Nancy– podría desaparecer algún día en medio de un montón de edificios.
Fuente: www.pagina12.com.ar

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martes, 16 de julio de 2013

Indignación en Brasil




Una energía volcánica irrumpió en las calles de Brasil


Por Leonardo Boff



Voy a tratar de hacer una reflexión no convencional sobre las manifestaciones multitudinarias ocurridas en el mes de junio de este año. Es de naturaleza antropológico- filosófica.

Es sabido en la reflexión antropológica y psicoanalítica que existe en el ser humano una energía  volcánica difícilmente controlable por la razón. Algunos la llaman libido, otros élan vital, algún otro principio esperanza. Tenemos que ver con una energía de construcción y de destrucción, con un caos original que puede ser caótico y generativo. Todo el trabajo de la cultura, de las leyes, de la religión y de la ética es crear una salida para que esa energía pueda fluir y ser regulada de manera que su aspecto constructivo prevalezca sobre el destructivo. El equilibrio es tenue.  En todo momento y en cada situación esa energía está presente, burbujeante y tratando de salir y hacer su curso histórico. La cultura, la religión, la ética y las leyes construyen un acomodo existencial donde esta energía encuentra cierta estabilidad y equilibrio.
Pero cada acomodo participa de la falta de plenitud y de la vulnerabilidad de todo lo que existe. Poco a poco su capacidad de regulación se debilita hasta desmoronarse.  Entonces, por un momento, las barreras del río se rompen, las márgenes son rebasadas  y las aguas  buscan un nuevo lecho.

Grandes  analistas de la dinámica de las transformaciones, como Toynbee, Jung y Freud entre otros, se detuvieron en este fenómeno. Es instructiva la lectura que hizo Freud en 1930, en plena crisis mundial económica y financiera, semejante a la de hoy, en su famoso escrito “El malestar en la cultura” (Das Unbehagen in der Kultur). Abandonó el rigor científico aplicado al psicoanálisis y, para asombro de sus seguidores, abordó temas culturales con agudo sentido de la observación.

En este escrito Freud demuestra la fuerza volcánica de esta energía vital y los límites de la razón al querer contenerla. Explícitamente dice que se trata de un choque de “dos fuerzas celestiales”: la fuerza de la vida (Eros) y la fuerza de la muerte (Thanatos). El libro termina con una  inconclusión: “El eterno Eros tiene que empeñar un gran esfuerzo para imponerse frente a su enemigo también inmortal (Thanatos), pero ¿quién puede predecir el éxito o la salida de este embate?” Con esta aporía concluye su reflexión.

Apliquemos esta comprensión al fenómeno de las calles en Brasil. Un acuerdo político-social fue construido por el PT,  a duras penas, contra una tradición elitista y antipopular de siglos. El PT significaba la cristalización del poder popular acumulado en las bases,  transformado ahora en poder político. Conquistó el lugar central de las decisiones de los destinos del país.

Se presentaba como la respuesta a la pregunta que desde hacía décadas se discutía en los grupos y movía mentes y corazones: “¿Que Brasil queremos que sea  liberador para las grandes mayorías históricamente condenadas y ofendidas”?

Una vez en el poder, el PT  atendió las grandes urgencias populares desde siempre negadas o insuficientemente satisfechas.  Finalmente, la dignidad de los condenados a ser no- ciudadanos fue rescatada: pudieron comer, tener un mínimo de educación, de salud y de los beneficios de la modernidad, como luz eléctrica, acceso a la casa y al sistema bancario.  Es un hecho de magnitud histórica. La desigualdad social, nuestra mayor llaga, disminuyó en un 17%.

Pero después de 10 años este proyecto de inclusión ha alcanzado el techo. La ilusión del PT fue entenderse como la realización de Brasil que queríamos. Abandonó el trabajo en las bases y perdió organicidad con los movimientos sociales organizados que lo crearon. En las bases no discutieron más de política ni se soñaba con la construcción de un Brasil todavía mejor.

El pueblo, una vez despierto, quiere más. No le basta con salir de la miseria y la pobreza. Plantea otro Brasil, donde no haya contradicciones escandalosas como la actividad política impulsada por intereses, chanchullos y negocios, como la corrupción, fruto de la relación incestuosa entre el poder público y los intereses privados de los poderosos. Los privilegios de las élites gobernantes cuentan más que los derechos de los ciudadanos. Para ellas son las principales inversiones realizadas, quedando las sobras para las necesidades de la población. De ahí se explica la mala calidad del transporte público en las grandes  ciudades, abarrotadas  porque no se hizo  la reforma agraria, la sanidad precaria y la educación descalificada. Hay que añadir una burocracia estúpida, complicada, hecha para no atender las demandas del pueblo.

Las calles han sido ocupadas por la energía de la indignación. No se trata de veinte centavos, sino de respeto y de derechos negados. La misma destrucción de los bienes públicos es un  gesto de negación de un mundo que niega a las personas. Es decir, la disposición histórico-social ya no funcionaba. Se niega todo: el poder público, los partidos, cualquier sigla  de organización. Lo que está ahí tiene que cambiar. Es una sociedad en estado naciente, cuya centralidad debe ser la cosa pública, de todos.

No entender esta explosión es negarse a ver la realidad. No hacer los cambios exigidos  es permitir que la energía de lo negativo triunfe. Necesitamos mucho empeño para que el  “eterno Eros” garantice que el río social encuentre un nuevo lecho.

Leonardo Boff escribió:  Después de 500 años: ¿Qué Brasil queremos? , Sal Terrae 2000.
Traducción de María José Gavito Milano

Fuente: http://leonardoboff.wordpress.com/

lunes, 15 de abril de 2013

Ciudad y territorio

El fenómeno de las ciudades - Fabio Quetglas



lunes, 8 de abril de 2013

Claves


Diez claves para aplicar políticas de participación ciudadana


José L. Sahuquillo Orozco
Secretario Asociación Valenciana de Politólogos
AVAPOL.


Resumen

Estamos siendo partícipes de una situación política y social donde la ciudadanía tan sólo toma parte de asuntos públicos mediante manifestaciones u organizaciones asamblearias. El ciudadano debe de exigir a nuestros representantes políticos mejores herramientas e instrumentos para que su voluntad sirva para construir o diseñar mejores políticas públicas. En este artículo, presentamos, a modo de consejos, algunas claves que la clase política debe de tener en cuenta antes de comenzar con políticas de participación ciudadana
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En momentos como en los que vivimos, la Administración Pública no puede obviar el malestar ciudadano, tanto hacia la clase política como hacia los poderes del Estado. A diario somos espectadores de numerosos casos de corrupción o deslegitimación que no hacen más que impactar directamente en la pérdida de calidad democrática. Nuestros representantes han de tomar las medidas necesarias para que todo aquel ciudadano que quiera y desee participar en los asuntos públicos lo realice de una manera eficaz, eficiente y ágil.

Frente a tal complejidad de la Administración Pública, los ciudadanos se dan cuenta de que su influencia mediante el voto disminuye y su confianza en las instituciones públicas corre la misma suerte. Consecuencia de ello, estamos casi acostumbrados a oír hablar de “déficit democrático” y de pérdida de legitimidad de los poderes públicos.

Parece obvio por tanto, pero no por ello menos necesario, que expongamos las principales ventajas que tiene reforzar las relaciones entre ciudadanos e instituciones públicas. Entre ellas destacamos las siguientes:

Políticas públicas de más calidad.
Mediante los tres ejes de la participación ciudadana, esto es, la información, la consulta y la participación activa, se proporciona a la administración pública una mejor base para la elaboración de políticas públicas, lo que convierte a ésta en una institución en constante aprendizaje. Ello garantiza una implantación más eficaz de dichas políticas públicas, ya que los ciudadanos están familiarizados con las mismas, al participar en su elaboración o diseño.

Creciente confianza en lo público.
La información, la consulta y la participación activa ofrecen a la ciudadanía una oportunidad magnífica para familiarizarse con los proyectos de la administración pública, para aportar su punto de vista y para contribuir en la toma de decisiones. La administración pública ofrece flexibilidad, lo que la vuelve más creíble ante los ojos del ciudadano, poseedor de la soberanía del Estado. Al generar confianza en la Administración y al mejorar la calidad de las políticas públicas, el aumento y consolidación de las relaciones público ciudadanas aumenta la legitimidad del gobierno.

Fortalecimiento de la democracia.
Incrementando y apostando por la participación ciudadana lo hacemos también en transparencia de la administración pública. Es por ello que el fortalecimiento de las relaciones entre la administración pública y los ciudadanos promociona la creación de una ciudadanía activa y participativa, favoreciendo con ello el arraigo en la sociedad. Además, con ello estimulamos el compromiso de la ciudadanía con la res pública, incitándolos, por ejemplo, a participar en los comicios convocados, a involucrase en las decisiones o debates públicos o a participar en el tejido asociativo.

Llegado el momento en el que el representante político o delegado en la materia decide contar con el apoyo, opinión o debate de la ciudadanía es importante que tenga en cuenta una serie de pautas para evitar el desánimo o la frustración de la buena voluntad política.

Debemos ser muy conscientes de que los procesos de participación ciudadana no se crean ni consolidan puntualmente, sino que son la consecuencia de un largo y enriquecido proceso de debate y diálogo entre gobernantes y gobernados.

Para intentar evitar lo anteriormente expuesto, a continuación se detallan diez claves, a modo de consejo, para que nuestros representantes políticos conozcan de forma premeditada las consecuencias y efectos que se pueden encontrar cuando aplican procesos de participación ciudadana.

1Consejo: “Póngase en lugar de los ciudadanos”
Sea empático y trate a los ciudadanos con respeto. En primer lugar, la institución pública ha de preguntarse ¿Por qué los ciudadanos estarían deseosos de ser informados o de contribuir?. Cuando los gobiernos y sus representantes no asumen el punto de vista de los ciudadanos, pueden tener expectativas irreales sobre sus respuestas. De allí que, a menudo, surge un sentimiento de decepción. Por otra parte, si los representantes públicos adoptan una actitud compasiva hacia los ciudadanos, las relaciones con ellos se pueden tornar más difíciles, en lugar de mejorarse.
Esto significa adaptar su lenguaje y su actitud hacia el público y hacer que la interacción instituciones públicas- ciudadano sea atractiva e interesante, cordial, honesta y sin condescendencia.

2. Consejo: “Considere el tema con seriedad y formalismo”
Llenar el municipio de kilos de folletos, panfletos y carteles no sirve para reforzar las relaciones entre la administración municipal y los ciudadanos.
Para obtener buenos resultados en la aplicación de instrumentos o herramientas de participación ciudadana, las instituciones públicas deben preparar detalladamente las actividades de información, consulta y participación activa. Reforzar las relaciones entre instituciones públicas y ciudadanos, representa todo un trabajo –un trabajo interesante, incluso apasionante– que debe tomarse con seriedad.

3 Consejo: “Adopte una política (herramientas y medios) coherente”
Tenga en cuenta que el fortalecimiento de las relaciones público-ciudadana es, ni más ni menos, una política en sí misma. Es un apoyo útil para la toma de decisiones del gobierno y para el proceso democrático.
No sustituye la responsabilidad gubernamental en materia de toma de decisiones. No constituye una alternativa a las instituciones ni a los procedimientos formales de la democracia representativa, tales como los debates en el parlamento y las elecciones. Por el contrario, representa un importante complemento y se puede utilizar ampliamente como tal. Es por ello que las instituciones públicas deben de ser conscientes de que lo importante es el tipo de política que se implementa.

4 Consejo: “Sea creativo e imaginativo”
No existe solución o patrón a la medida para cada una de las dificultades. Las relaciones instituciones públicas-ciudadanos varían de un municipio a otro.
Es por eso que las instituciones públicas deben concebir sus actividades en función de sus situaciones y problemas y demostrar creatividad e innovación.
Todo es más fácil, por ejemplo, si se hace uso de las Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación (NTIC) ya que ofrecen oportunidades nuevas
y apasionantes. Aunque, por contra, es importante al respecto que se tenga en cuenta que las instituciones están gravemente equivocadas si piensan que van a encontrar en las NTIC la respuesta inmediata a todos sus restos y problemas.

5 Consejo: “Medie, juzgue y arbitre los conflictos de interés.”
Admita y controle el reto político de la diversidad de opiniones. ¿Qué sucede cuando las Administraciones Públicas reciben aportaciones desde varias fuentes aportaciones contradictorias?. Entonces, ¿A quién obedecer o seguir?. La respuesta está en que las instituciones públicas descubran que quizás deben hacer todo a la vez: tienen que tomar decisiones y demostrar iniciativa, así como estar atentas al público. Tienen que tomar en cuenta intereses difusos y organizados, arbitrar entre los intereses existentes, tomando en consideración simultáneamente la continuidad y el cambio.

6. Consejo: “Motive e involucre a sus colaboradores”
Adopte una actitud abierta y participativa, tanto dentro como fuera de la Administración Pública. Si las instituciones públicas piden a los ciudadanos hacer aportaciones importantes en la elaboración de una política, pueden también utilizar sus recursos internos para este mismo fin. La participación de los funcionarios o de agentes externos contratados para ello, así como de los ciudadanos, no significa que se renuncie al derecho de tomar decisiones. Significa tomar decisiones siguiendo caminos diferentes. Algunos miembros de la jerarquía interna de la institución pública pueden temer que la información y la participación a gran escala de los funcionarios públicos provoquen una mayor carga de trabajo y esfuerzos adicionales.
En cambio, está demostrado que poco a poco se impregnan de una cultura interna de apertura, transparencia y compromiso que favorece, al fin y al cabo, en el fortalecimiento de las relaciones entre instituciones públicas y ciudadanos.

7. Consejo: “Cumpla sus promesas y compromisos.”
El engaño y las manipulaciones se volverán contra usted. El éxito vendrá de la mano de la confianza. Si las instituciones públicas quieren fortalecer y/o aumentar sus relaciones con los ciudadanos, deben cumplir sus promesas. Fingir informar plenamente a los ciudadanos, pedirles su opinión, invitarles de manera activa a participar en la elaboración de una política sin hacerlo verdaderamente, no podrá sino decepcionar a los ciudadanos y volver más difícil su participación futura. Aunque se posean las mejores intenciones, las instituciones públicas pueden entramparse en promesas no cumplidas y ciudadanos decepcionados, ya sea debido a interrupción de iniciativas por falta de medios, o porque los responsables no han valorado correctamente lo que está en juego.

8. Consejo: “Tenga muy en cuenta el factor tiempo”
Se necesita de mucho tiempo si se quiere fortalecer las relaciones entre las instituciones públicas y la ciudadanía. Informar, consultar, motivar, sensibilizar o promover la participación son actividades que exigen tiempo, pero no necesariamente dinero. Digamos franca y llanamente las cosas: los ciudadanos no van a confiar más en la administración pública simplemente porque ésta empezó a involucrarlos en la preparación  de una medida nueva. Asimismo, los ciudadanos no están en condiciones de participar en un proceso de toma de decisiones si no han tenido tiempo de familiarizarse con lo que está en juego y de elaborar sus propias propuestas.

9. Consejo: “Acostumbrarse a recibir fuerte críticas”
El debate, la crítica y la diversidad de opiniones forman parte de la democracia. Consultar o hacer partícipes a los ciudadanos en la toma de decisiones rara vez es síntoma de plebiscito o aplauso al gobierno de turno. En particular, si los ciudadanos han tenido pocas oportunidades de expresarse, pueden aprovechar esta primera oportunidad para manifestar su ira, desengaño o frustración. Lo mejor en estos casos es prepararse para descubrir que las ideas de los ciudadanos no coinciden exactamente con las suyas: después de todo, el objetivo perseguido es recoger las ideas de los ciudadanos.

10. Consejo: “no se lo piense, ¡Actúe Ahora!”
Más vale prevenir que curar. Tome la iniciativa y aproveche todas las oportunidades. No espere que su gobierno enfrente dificultades y esté obligado a reaccionar.
Trate de impedir la aparición de problemas vinculados a una mala relación con los ciudadanos, no espere para actuar que estalle una crisis. Es fácil para los poderes públicos conservar la confianza de los ciudadanos, pero muy difícil recuperarla cuando se ha perdido.


Fuente:
Más Poder Local, Nº14 (2013).
Título: Participación Política y Sociedad Civil
www.maspoderlocal.es